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¡Feliz Día de la Madre!

¡A todas las madres, les deseamos un feliz día!

Reconociendo el valor innegable de la presencia maternal y de su rol fundamental en la vida de la familia, célula básica de la sociedad,  compartimos con ellas y con todas las familias, esta nota de la edición n° 191 de la revista Familia Cooperativa:

Siete etapas en la vida de una madre

Si bien habitualmente se simboliza a la madre con la imagen de una mujer amamantando a su hijo, la maternidad es un rol permanente que perdura toda la vida y sobre el cual pueden distinguirse varias etapas tan diferentes como igualmente importantes.

La maternidad jamás termina en lo que hace al compromiso afectivo con los hijos: es asumir completamente y para siempre, de manera irreversible, el propio acto de la procreación, pero también constituye una misión transitoria en cuanto a la dedicación de tiempo y esfuerzos.
"Familia Cooperativa" eligió siete etapas relevantes en la relación madre-hijo, desde el nacimiento del bebé hasta que, en la ancianidad, una vez cumplido el ciclo vital de la vida, la madre vuelve a convertirse en hija.

Embarazo y parto

La futura madre puede sentirse diferente y padecer dolores físicos hasta entonces desconocidos tanto para ella como para el esposo. Su cuerpo también empieza a cambiar y con él su autoestima y su autovaloración. Ella está llena de preguntas que no siempre encuentran respuesta, pero cree firmemente en la necesidad de comunicarse con el hijo que lleva en su vientre..
Más allá de las opiniones científicas, sólo una madre sabe cómo el pequeño hijo responde a sus tensiones, a sus movimientos y a los ruidos, haciendo de este vínculo un verdadero diálogo corporal.
La musicoterapia fue una de las disciplinas pioneras en la búsqueda de signos vitales durante el embarazo. Luego de controlar los movimientos y frecuencia cardíaca del niño por nacer se ha comprobado que resulta sensible a ciertos estímulos auditivos. Y es la madre quien seguramente podrá actuar como un filtro dosificador de los estímulos externos, robusteciendo el vínculo prenatal e influyendo para que el bebé nazca más relajado, llore menos y se alimente mejor.

El bebé va creciendo

El ritmo febril y agotador en que vivimos hace que muchas madres carezcan de tiempo para compartir con su bebé, mientras que otras optan por no amamantarlo y prefieren darle el biberón. Cualquiera sea la situación en que se encuentre, jamás debe buscar excusas para no estar corporalmente cerca de su hijo.
Un bebé necesita de la proximidad física de la madre, requiere que la piel de ella esté en contacto con la suya. Según reconocen los especialistas, este va a ser uno de los factores que preparará al niño para su buen desarrollo posterior.
Al abandonar el útero materno el niño sufre un abrupto desprendimiento de su madre, sensación que paulatinamente se irá mitigando a través del contacto físico con ella. La carencia de este vínculo cercano puede generar trastornos en el contacto con la realidad y predisponerlo a manifestar ciertos síntomas.

Trabajar con un hijo pequeño

Uno de los problemas que se suele presentar a medida que los niños van creciendo es que alguno de los padres sistemáticamente se alíe con uno de sus hijos, descalificando a su cónyuge. Esta situación suele darse cuando el matrimonio atraviesa alguna crisis o cuando la pareja de padres no toma su tiempo para dialogar sobre la crianza de los hijos. Para muchos autores problemas tales como la drogadicción y la anorexia se dan en familias donde uno de los miembros del subsistema parental se sobreinvolucra con uno de sus hijos, quedando su cónyuge en la periferia.
También es frecuente en esta etapa que un buen número de madres, por lo general de entre 20 y 40 años, tengan una ocupación fuera de la casa, atravesando el dilema de cómo compatibilizar el horario del trabajo con las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. Un estudio realizado por la Universidad de Massachusetts (Estados Unidos) determinó, luego de analizar el desarrollo de más de 12.600 jóvenes cuyas madres trabajaban desde que eran bebés, que no existen pruebas de los efectos del empleo materno en el desarrollo posterior de los hijos, sin dejar de admitir que la madurez y el cariño de los padres son la única clave para asegurar el bienestar de los pequeños.
Por otro lado, la escritora española Paloma Sarasúa, en su libro "Trabaja mujer, trabaja", señala que la madre se beneficia de muchas maneras si tiene un empleo, por ejemplo vinculándose con personas de pensamientos dispares, aprendiendo nuevas cosas cada día, alejándose de la rutina y fomentando el cumplimiento de nuevos desafíos.

Conviviendo con adolescentes

En esta etapa la crianza de los niños ha quedado atrás y ha sido reemplazada por el placer compartido de presenciar cómo los hijos crecen y se desarrollan socialmente. Los años medios también pueden ser un momento donde la pareja decida si seguirá junta o si tomará caminos separados. Este momento, en que los hijos ya adolescentes están menos en casa también obliga a comprender a los padres que los jóvenes terminarán por irse del hogar y entonces ellos se quedarán solos y frente a frente.
La adolescencia constituye para la madre una etapa plena en desafíos. El joven está viviendo un momento de transición y si bien hace mucho que dejó de ser un niño, todavía no están claras las exigencias, libertades y posibilidades del mundo de los mayores, con lo que aparecen conflictos típicos. El hijo ante ciertas situaciones se comporta como un adulto pero en otras todavía es inmaduro. La mejor manera de acompañarlo en este camino hacia la adultez es estimulándolo a que pueda transitar su senda, a que vaya desplegando las alas y abandonando el nido. Si los padres permiten que pueda dormir con su novia en la casa familiar no sentirá apuro por encontrar su propio lugar, por hacerse responsable de sí mismo, de buscar un trabajo e independizarse.

Los hijos se van de casa

La etapa conocida como "nido vacío" es aquella en que los jóvenes se van de casa y los padres vuelven a quedarse solos, como al principio. Por supuesto que éste se convierte en un momento trascendente para los cónyuges, ya que deben volver a entablar acuerdos sobre sus vidas y sobre cómo vivirán los próximos años. Es muy importante que dediquen tiempo para comunicarse y hablar sobre las dificultades que cada uno va encontrando.
La ida de los hijos es ley de vida y todos, padres e hijos, sabremos que ocurrirá. Aquellas madres que no aprendieron a disfrutar de la vida, a ser felices por sí mismas y se creían destinadas a desempeñar el rol de abnegadas administradoras del hogar, ahora no saben cómo utilizar sus horas de ocio y, lo que es peor, nada les agrada o les motiva.
Ante el vacío físico y emocional que causa la marcha de los hijos la madre ha de buscar algún eje para reestructurar y organizar su vida, sin olvidar que debe asumir la maternidad desde un ángulo muy diferente, entre otras cosas, porque lo más probable es que pronto se convierta en abuela.
Se trata de un momento propicio para que ambos cónyuges hagan una reevaluación de su matrimonio, llenen el "nido vacío" y desarrollen una relación distinta, de adulto a adulto y también con los exniños que se han ido de casa.
Hay que tratar de reorganizar el tiempo, retomar aficiones postergadas, dedicar unas horas cada día al ejercicio físico, a las salidas y a entretenimientos diversos. En definitiva, hacer de la fantasía, de la ilusión y la risa, habitantes de ese hogar que, aunque incompleto, sigue con mucha vida.

Tiempo de ser abuela

Emocionalmente casi tan fuerte como el hecho de dar a luz, la llegada de un nieto abre para toda abuela un horizonte ilimitado de posibilidades, sobre todo para transmitirle vivencias, experiencias y compartir momentos únicos, plagados de amistad y compañerismo. Siempre con el consentimiento de los padres, ahora puede darse el gusto de criar a un niño de la manera que en no pudo hacerlo de joven por ignorancia, torpeza o, simplemente, por falta de tiempo.
Ante todo, las mujeres deben permitirse ser abuelas felices, capaces de transmitirles a los nietos valores positivos.
En los años de la adolescencia los jóvenes necesitan que los adultos se interesen por ellos. Es importante saber con quiénes andan, quiénes son sus amigos y estar cuando necesiten ayuda. Sin embargo, el trabajo y las exigencias de la vida diaria hace que resulte difícil para los padres dedicar más tiempo a sus hijos. En estos casos es cuando los abuelos pueden ser de gran ayuda.

Hija de sus hijos

Lenta pero inexorablemente, el deterioro físico y mental de las abuelas más ancianas convierte a sus hijas en su madres, demandándoles atención y cuidados. Los principios básicos que tanto hijos como nietos deben prodigarles podrían resumirse en sólo dos: respeto y cariño, considerando el ritmo psicofísico de la abuela, sus valores y concepciones de vida.
Ello no implica estar siempre de acuerdo en todas las cosas, pero habría que distinguir muy bien los límites para no generar enfrentamientos estériles. El consenso es la fórmula más deseable, aunque los mayores tienen derecho a elegir cómo y dónde vivir. ¿Por qué inmiscuirnos e intentar imponer nuestros criterios, restándole libertad y abusándonos de nuestro poder?
La atención es muy importante, sobre todo a partir de una escucha abierta, positiva, sin juicios de valor ni prejuicios. A la abuela habrá que dedicarle un cierto tiempo para saber cómo está, qué quiere, cómo vive y cómo percibe sus recuerdos y experiencias. Es decir, atenderla desde el aprecio, la consideración, la cercanía y el acompañamiento.

16 de Octubre de 2011. Archivado en: Aniversarios | Comentarios: (0)

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